En defensa del sistema de exenciones

Antes que nada debo aclarar que el objetivo de este artículo es debatir sobre la reforma tributaria y no sobre la fiscal. Creo que corresponde, puesto que el tema ha sido puesto en la palestra pública por el nuevo director de la DGII, quien consideró que nuestro sistema tributario es inequitativo, complejo y distorsionante.

En Estados Unidos también tienen un sistema de esas características, pero todavía mucho más amplio y complejo. A pesar de que el ISR para las grandes empresas es de 35 %,  estas realmente pagan apenas un 22 % en promedio. En el año 2012, un 20 % de las empresas grandes que reportaron ganancias, pagaron 0 % de ISR, para que noten enormidad de las elusiones de impuestos en Estados Unidos gracias a exenciones y prácticas contables permitidas. En Irlanda, donde hay una bajísima tasa del ISR empresarial, de apenas 12 %, el sistema también está lleno de exenciones y elusiones. De hecho, la compañía Apple en ese país pagó un 0 % de ISR en 2014  y un 1 % en los años anteriores. Cuando la Comunidad Europea se quejó sobre esto, las autoridades irlandesas se negaron a exigirle el pago de impuestos a Apple y también las autoridades norteamericanas salieron en su defensa. 

También en nuestro país hay empresas que pagan 0 % de ISR. Son aquellas establecidas en zonas francas, o dicho de otra forma, aquellas cuyo negocio es la exportación. También las empresas exportadoras de servicios (turismo) no se alejan mucho de esa cifra, gracias a prácticas contables permitidas.

 Pero mientras en Irlanda toda la sociedad apoya las facilidades tributarias a las empresas extranjeras, aquí equivocadamente las criticamos.  -Y no se crean que en las zonas francas de nuestro país solo se producen chucherías. Nuestro segundo producto de exportación son los aparatos de transfusión de sangre, solo después del oro, y por encima del cacao y la banana, gracias a los incentivos para la inversión extranjera. De hecho, lo productos médicos y farmacéuticos representan el primer renglón exportador de las zonas francas, con más de mil millones de dólares anuales-.

Nuestro nuevo director de la DGII, es de los proponentes de una ideología llamada “Tasas Planas”, en la que se busca eliminar exenciones para bajar la tasa nominal y que todos paguen una misma tasa de impuestos. De hecho, en 2012 Magín Díaz propuso eliminar todas las exenciones; y como compensación a las empresas, bajarles la tasa de ISR a 14 % . Ver tema: Las propuestas económicas del CREES

Ahora bien, ¿qué creen ustedes que sucedería con el sector zonas francas? La diferencia entre pagar 0 % y pagar 14 % es bastante. Si a las zonas francas les quitan las exenciones, 282 mil empleos directos e indirectos corren peligro. Y es que con el ISR empresarial y exenciones tributarias estamos en competencia con el mundo entero, y el capital de hoy día no cree en nacionalidades ni fronteras, vuela en busca del lugar que considere más ventajoso para establecer la producción de sus bienes.

Y es peor todavía, porque aun si asumiéramos que las zonas francas se mantuvieran con su nivel de producción y capital, las pérdidas tributarias que tendría el estado por bajar la tasa del ISR empresarial al 15 % (32,800 millones de pesos) serían muchísimo mayores que las ganancias por cobrar las exenciones por ISR empresarial a zonas francas (11,121 millones, ver Informe Gasto Tributario), y todavía seguirían siendo mayores incluso si el estado también empieza a cobrar por los aranceles exentos a importaciones de materias  primas para sus productos (25 mil millones).

Eliminadas todas estas exenciones y bajando la tasa del ISR empresarial al 15 %, tendríamos un déficit de 1,600 millones -todos estos cálculos suponiendo que los capitales de las empresas dentro y fuera de las zonas francas se mantendrán igual o que las inversiones de las empresas fuera de las zonas francas compensen exactamente la pérdida de inversiones en las zonas francas. Suponiendo esto, tendríamos una pérdida de 1,600 millones-. Si se bajara al 12 %, la pérdida sería de 11 mil millones. Pero no tenemos ninguna certeza de que esas serán las condiciones, solo podemos especular.

Si en el mundo entero existiera una tasa de ISR empresarial de 15 % no hubiera ningún problema, pero el caso es que esa no es la realidad del mundo. No vamos a poder competir y atraer inversión con una tasa de 15 % cuando otros les ofrecen cero.

Lo mínimo y prácticamente lo único que nuestro país puede ofrecerle a un inversionista que decide establecer la manufactura de sus productos aquí, es un impuesto de 0 %. Hasta un 1% que se les ponga, ya eso podría ser la gota que derramó el vaso para ellos. Irlanda y Estados Unidos pueden ofrecer muchas cosas, nuestro país no. Ni siquiera mano de obra barata podemos ofrecer, pues en eso estamos fuera de competencia con Centroamérica. De hecho, el sector de zonas francas sufrió una aparatosa pérdida de importancia en su participación del PIB en la década pasada, hasta finalmente estabilizarse desde 2009. Su participación directa e indirecta del PIB se ha mantenido en torno al 5 % desde entonces. De alla para acá ha venido generando empleos netos poco a poco y a duras penas.

Y en cuanto al sector turismo en nuestro país, este viene creciendo todos los años contra todas las expectativas, a pesar de la crisis europea, el zika y Cuba. Ya casi alcanzamos los 6 millones de turistas.

Nuestro sector se basa en un sistema de “todo incluido” a precio de banana, el cual elude muchos impuestos legalmente. Si nuestro sistema todo incluido pierde su bajo precio atractivo y colapsa, sería catastrófico para todo el país. Y es un riesgo real, pues tenemos mucha competencia. España y Grecia al sur de Europa, cuyos costes de viaje y tiempo son más bajos, aunque los costes de estadías parecen ser, por ahora, lo suficientemente altos para disuadir a los europeos y elegir mejor R.D. Y no se vayan a creer que solo en R.D hay playas 5 estrellas; también en Grecia; también en Tailandia.

Nuestro país está creciendo bien económicamente, es el más alto de latinoamérica y uno de los más altos del mundo; no hay ninguna necesidad de apostar a nada. Estamos muy bien como estamos. Sería muy irresponsable que nos convirtiéramos en ratas de experimento de un laboratorio de teorías.

Y será por coincidencia que, Irlanda, otro país que es muy benevolente con los empresarios, también tiene una altísima tasa de crecimiento económico. Es de 8 %. Y hay otra cosa más en lo que nos parecemos tributariamente: tiene una alta tasa de ITBIS, bueno, mucho más alta: 23 %.  Con esto es como Irlanda logra atraer y fomentar inversiones locales y extranjeras, a la vez que mantener un estado social fuerte, con servicios públicos eficientes.

Y es que la inversión y la evasión son muy sensibles al ISR empresarial. Es más fácil de evadir, y a mayor tasa, mayor la propensión a evadir; pero además, la tasa de este impuesto afecta directamente las decisiones de inversión (y de contratación de personal) de los empresarios y muy sobre todo de los extranjeros y grandes capitales, que simplemente se fugan del país.

En los países nórdicos, donde existe el llamado “estado de bienestar” (un estado fuerte con servicios públicos eficientes y gratuitos) decidieron reducir los impuestos a las riquezas y a las empresas para aumentar la inversión, y aumentar el ITBIS para mantener la recaudación y el estado de bienestar. En los países nórdicos el ISR a empresas es de 23 % en promedio (vs. 27 % en Latinoamérica). Dinamarca, Noruega y Suecia tienen un ITBIS de 25 %; y en Finlandia es de 24 %. Dinamarca que tiene un ISR empresarial de 23 %, es el país con el mayor bienestar del mundo, según la ONU, gracias a la calidad de su sistema público sanitario, educativo y políticas de protección social.

Por acá por latinoamérica tenemos a Uruguay, que es el país más igualitario de la región y con un ITBIS de 22%. La mayoría de las recaudaciones tributarias de ese país provienen de impuestos al consumo.

Porque esa es otra parte de la cuestión: la gente se queja mucho que nuestro país crece, pero que las riquezas no se reparten. La manera de repartirlo es con un estado fuerte, que recaude lo suficiente, y como estamos viendo en este artículo, un estado con fuertes ingresos provenientes del consumo, no significa un estado de desigualdad social. De hecho, el estado de EUA con el ITBIS más alto, no pasa del 7 %, sin embargo, EUA tiene una desigualdad muy alta y mucho mayor a la de Uruguay, que tiene um alto ITBIS y con el precio de la gasolina más alto de todo el continente.   

De hecho, en nuestro país, el ITBIS es un impuesto bastante progresivo, no solo porque los que más tienen son los que más consumen, sino porque además los productos básicos están exentos y existe un Impuesto Selectivo al Consumo para algunos electrónicos y bienes de lujo como  microondas, aires acondicionados, alfombras, jacuzzis, yates, jet sky, relojes y pulseras de metales preciosos, joyerías, perfumes, etc.

Pero este tipo de estraficaciones del ITBIS son consideradas por Magín Díaz, como distorsionantes e inequitativos. En la propuesta que este presentó en 2012 junto con su compañero de CEERS, Ernesto Selman, proponían un ITBIS de 7 % a productos básicos antes exentos, como el huevo, el pollo, la leche, el arroz, el pan y además eliminar el ISC a bienes de lujo. Como “compensación” se bajaría el ITBIS general a 14%.  Así, si una familia de clase media de repente se ve en dificultades, no tendría forma de sobrevivir, porque hasta reduciendo su consumo a lo básico nada más, hasta a eso querrían cobrarles impuestos quitándole los últimos chelitos que le faltaban para llegar a final de mes. Y los pobres que ya consumían solo lo más básico, serían los más afectados.

Así que en conclusión, aunque el discurso de eliminar exenciones a los empresarios suena muy bonito a oídos incautos, en los detalles hay muchas trampas. El sistema al que apunta el nuevo director de la DGII perjudica más a los pobres en vez de protegerlos y generaría aun más desigualdad social.

Yo creo que todos en este país estamos de acuerdo con que el problema nuestro no es el crecimiento económico, sino la desigualdad social, la cual solo puede ser combatida con un estado más fuerte y no con uno más débil, pero un estado además que sepa utilizar inteligente y eficientemente los recursos que dispone; pero ya ese tema de la reforma fiscal lo trataremos en un próximo capítulo.

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