Monopolios en República Dominicana

Una condición inherentemente imprescindible para que exista un mercado realmente competitivo, es la existencia de numerosas empresas en cada sector. Cuando hay muchas empresas cualquier intento de formar un cartel o acordar precios es infructuoso.

Las economías pequeñas como la nuestra, con cantidades limitadas de empresas, son bastante propensas al establecimiento de monopolios y oligopolios.

Un muy buen ejemplo es el mercado de los productos agropecuarios. Desde tiempos inmemoriables los productores dominicanos han estado quejándose de que el gobierno no los apoya y que supuestamente están en la quiebra y pidiendo al gobierno que impida la importación o de que no amplíe la cuota de importación existente. A estos productores agropecuarios solo le pueden estar ocurriendo dos cosas: o ellos son ineficientes y no tienen ventaja comparativa y deberían pasarse a otros rubros donde nuestro país sí tiene ventaja comparativa y gran capacidad de exportación como el cacao o el banano; o bien simplemente que la “quiebra” o baja producción es intencional para mantener precios exorbitantes. Toneladas de alimentos se almacenan o se botan con apoyo del gobierno para que los pobres productores nacionales ineficientes no “quiebren” mientras muchísimos dominicanos a muy duras penas llegan a final de mes y los bebés lloran y gritan por un biberón de leche y sus madres impotentes porque ya no hay más. Ver tema: El oligopolio en el mercado de arroz en R.D

La solución a toda esta manipulación de ofertas y precios es abrir la economía nacional para ampliar el número de empresas que compiten entre sí. Algunas personas creen que abrir el comercio con naciones más avanzadas económicamente es perjudicial, puesto que nuestro país no está “preparado”. Pero se equivocan, nuestro país si está económicamente preparado y la mejor prueba de ello es la existencia misma de monopolios y oligopolios. Los monopolios y oligopolios no se forman sin la existencia de gigantescas acumulaciones de capitales humanos y financieros.

En un mercado abierto y pleno, las empresas se ven forzadas a competir de verdad, a eficientizarse y a dejar atrás los precios abusivos, o sino a salir de sus islas mentales y sus tradiciones, a explorar nuevos emprendimientos a través de los cuales puedan aportar mejor a la sociedad local y global.

Por otro lado, un mercado abierto permite también que empresas extranjeras eficientes establezcan la producción global de bienes y servicios en nuestra localidad, explotando al máximo los recursos humanos que disponemos.

Pues bien, toda esta plática viene a colación del escándalo del monopolio que tiene la Cervecería Nacional Dominicana denunciado por Procompetencia.

Pero antes que nada es importante que aclaremos que el monopolio existente en el mercado de la cerveza no es una condición que creó el mercado global, sino que creó el gobierno al imponer todo tipo de barreras posibles a la entrada de competidores extranjeros por muchos años. La solución a este lío solo puede provenir gradualmente del mismo mercado siempre y cuando esté abierto al mercado global.

En Estado Unidos hay antecedentes del desmembramiento de grandes monopolios por parte del gobierno, como el de Standard Oil en los años 30 y el de AT&T (propietaria de la antigua Codetel) en los 80. Pero lo que pasó con estas empresas es que en su momento de auge eran monopolios naturales. Este tipo de monopolios se dan cuando los costos de inversión iniciales y de operación para proveer el servicio a cada cliente son bastante altos. En este caso, los monopolios son positivos pues los precios al consumidor van reduciéndose a medida que la empresa se expande, aunque sea una sola. Es lo que pasa con las compañías de acueductos y distribuidoras de electricidad. AT&T por ejemplo tenía que gastar enormes sumas en la instalación de cables por las calles y también de cables submarinos para conectar los países y continentes. Pero luego los costes de las tecnologías bajaron y estas empresas pioneras se volvieron perjudiciales haciendo que los precios se mantuvieran altos en vez reducirlos. En estos casos sí se dio verdaderamente una falla de mercado, llevando al gobierno a intervenir.

Retomando el tema de la cerveza, pero siguiendo en el mismo Estados Unidos, allá Ambev también compró en 2008 a Anheuser-Busch, propietaria de Budweiser, la principal marca de cerveza, pero la resultante Anheuser-Busch InBev actualmente solo posee el 46 % del mercado de cerveza. A nivel global Anheuser-Busch InBev (Ambev) posee solo un 21 % del mercado de cerveza. Pero en R.D, CND-Ambev se apoderaron del 98 % del mercado de cerveza para ellos solos, es decir, que este grupo empresarial no tiene competencia. Esta fusión es una especie de monopolio-oligopolio para acordar los precios de la mejor forma, con la confianza absoluta de que no se harán trampas unos a otros. Un oligopolio tan perfecto que se convirtió en monopolio.

Cuando Procompetencia denuncia el monopolio de Ambev y sus consecuencias, su directora es inmediata e impulsivamente despedida. Notamos con esto lo escandalosamente maniatado que está nuestro presidente, gobierno y políticos por los grandes empresarios, los cuales financian sus campañas políticas. No es de extrañar también que ahora nuestro presidente ande insinuando en los foros internacionales que el libre comercio es perjudicial.

Vivir en un país pequeño y para colmo en una isla, ha forjado en nosotros una mentalidad económica pueblerina y tradicionalista, a pesar de perjudicarnos a la gran mayoría de nosotros. Debemos dejar de consentir que nuestro paisito se mantenga secuestrado por un puñadito de empresas familiares cuasi aristócratas. Estados Unidos es la economía avanzada que es hoy, es gracias al gigantesco tratado de libre comercio que existe entre todos sus estados que permitieron que el comercio y la competencia prosperaran. Y eso que los estados de EUA son mucho más grandes que lo que es R.D

En EUA por supuesto nadie concibe que no existiera un libre comercio entre ellos porque todos tienen una misma cultura y lengua. Pero es absurdo que la cultura y lengua sean barreras para el comercio. Y es sumamente perjudicial cuando esa cultura se restringe a un pedacito de territorio y a una pequeña población. Pocas empresas, pocos talentos, poca competencia.

Los oligarcas locales que controlan la producción interna de bienes y servicios estarán naturalmente siempre en contra del libre comercio, ellos por supuesto prefieren no competir y no eficientizarse.

Es hora de que nuestro país evolucione hacia una sociedad global, abierta, capitalista y competitiva. 

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