El oligopolio en el mercado de arroz en R.D

Como podemos apreciar en la aplicación estadística de la FAO, en el año 2011 nuestro país alcanzó su máxima producción de arroz, con 874 mil toneladas de arroz, pero en el año 2012 la producción se desplomó a 664 mil y en 2014 terminó en 718 mil (una caída de 18 % respecto a 2011). Pero no fueron plagas ni mal tiempo ni malas cosechas lo causó el desplome de la producción.

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En aquel año los productores del país se declararon en “quiebra” por la sobreproducción y se reunieron en cartel para acordar disminuir la producción y así elevar los precios. No es la primera vez que lo hacen, también lo hicieron en 2002, época en que se quemaron muchísimas cosechas. Después de eso el gobierno creó un método para recoger los “excedentes” de producción, el llamado “programa de pignoración” programa que le costaba y cuesta todavía al gobierno unos mil millones de pesos anuales, que es el costo de almacenar el arroz, corrido a cuenta solo del gobierno. Pero este programa no estaba diseñado para estar continuamente almacenando el producto. Se suponía que debían encontrar el momento adecuado para ir soltando poco a poco al mercado cuando haya escasez o subidas de precio; el problema es que esas oportunidades nunca las encontraron.

Así que en 2011 el gobierno decidió exportar el excedente de arroz. Pero, ¿por qué no hicieron eso desde un principio? Pues porque el costo de producción de arroz en nuestro país es más alto que en los otros países. Esto quiere decir que nos sale más barato importar arroz que producirlo. El “excedente” de arroz que tenemos es a costa de altos precios. Pero y entonces, ¿cómo rayos vamos a exportar arroz si el costo de producción nuestro es más alto? Pues el gobierno subsidiando este arroz exportado. El gobierno decidió que era mejor hacer esto que botarlo y no ganar nada o que introducirlo al mercado dominicano y derribar los precios y llevar a los productores dominicanos a la “quiebra”.

Desde entonces hemos estado exportando arroz blanqueado subsidiado por nuestro gobierno hacia Estados Unidos. Este subsidio asciende a mil millones de pesos. Y a eso agreguenle los mil millones de pesos que el gobierno gasta en los costos de almacenamiento del “excedente” de arroz que todavía siguen teniendo los productores a pesar la caída de producción. Claro que este “excedente” no es ningún excedente, es solo un nivel de oferta -precio para los productores tener elevadas ganancias.

Entonces tenemos que pagar de nuestros impuestos dos mil millones por la ineficiencia de nuestros productores de arroz y encima de eso tenemos que pagar un precio más alto por el arroz para que los pobres no “quiebren”.

Y todo lo que ha hecho el gobierno para ayudar a los pobres productores, en vez de motivarlos a aumentar sus eficiencias, por supuesto ha ocurrido todo lo contrario. El rendimiento de hectogramo por hectárea en la producción de arroz en nuestro país bajó de 50 a 44 en 2014, mientras Estados Unidos tiene un rendimiento de 78.

Pero, ¿por qué los productores dominicanos de arroz son tan ineficientes? En cierto sentido parece difícil explicarlo. Ellos no están atrasados, el proceso hoy día está altamente mecanizado, con combinadas y trilladoras y además han implementado muchas variedades genéticas altamente productivas y especialmente diseñadas para nuestro territorio R1R2. Quizá tengan que ampliar aún más la mecanización y el desarrollo de variedades, pero lo dudo. Pero en ese caso, si no lo hacen no es por falta de dinero; en nuestro país hay mucha acumulación de capitales humanos y financieros, y el hecho de que hayamos estado pagando un arroz tan caro y sobrevalorado por tanto tiempo es prueba más que suficiente de que a nuestro sector no le hace falta dinero.

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La respuesta corta y de fondo por la que los productores dominicanos podrían no ser eficientes es que sencillamente no les da la gana, porque no tienen ningún incentivo para reducir sus costos y eficientizarse. Es eso, o es que sencillamente nuestro país no tiene las mejores condiciones de clima o de suelo para el cultivo de arroz, y en ese caso, el sector debe ser eliminado gradualmente, para beneficio de todos. Pero mientras sigan teniendo altos beneficios sin tener que fajarse a competir realmente, gracias a la protección de papá gobierno, estarán siempre ahí y estaremos siempre subsidiando a estos megaparásitos y sus megabeneficios.

Como lo explica El Ratón Economista, la competencia es la fuerza impetuosa que obliga a las hombres de empresa a bajar cada vez más sus costos y sus precios. Donde no hay competencia, las empresas no tienen ningún incentivo para bajar sus costos. Es una ley básica de economía. Si no nos abrimos al libre comercio y a la competencia, jamás esperemos que nuestros productores aumenten sus eficiencias; es que no lo harán. Por eso es que los carteles -donde los productores se reúnen abierta y formalmente para eliminar la competencia, aumentar sus beneficios, acordar la producción y precios- son perjudiciales. La única manera efectiva de eliminar los carteles es abriendo el país a la competencia y al libre mercado. Lo necesitamos. Nuestro país está lleno de carteles, oligopolios y monopolios.

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Y por cierto el arroz no es el único producto agropecuario cartelizado e ineficiente de nuestro país; también está la leche. Solo producen el 60 % del consumo nacional, pero eso no quiere decir que no tengan poder de mercado para conformar un cartel. No necesariamente hay que controlar toda la producción. La OPEP sólo produce un 40 % del petróleo, y aun así influye bastante en los precios. En el caso de nuestro productores de leche, la cosa está clara: deben desaparecer. Son tan ineficientes que a las procesadoras o marcas les sale mucho más barato comprarle a productores de tan lejos como Dinamarca, EUA y Costa Rica, a pesar de los costos de transporte. Pero estas solo pueden importar una cantidad limitada, lo que les da a los productores locales el poder de mercado para influir en el precio de la leche. Algo bastante grave. Y para colmo de colmos, el gobierno también almacena leche, gastando otros mil millones de pesos en eso y manteniendo alto el precio de la leche. Toneladas de leche se almacenan para que los pobres productores nacionales ineficientes no “quiebren”, mientras muchísimos bebés lloran y gritan por un biberón de leche y sus madres impotentes porque ya no hay más.

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