¿Por qué el DR-CAFTA sí nos beneficia?

Si nos saliéramos del DR-CAFTA, la destrucción de empleos seguramente sería mayor que la creación de ellos.

Los empleos que supuestamente se protegerían en el sector agropecuario, se perderían en el sector de zonas francas, pues la gran mayoría de las exportaciones de estas van hacia EUA. Este escenario sería asumiendo que si se eliminaran ahora mismo las cuotas arancelarias, el sector arrocero de nuestro país podría hacer frente a la competencia, pues este tiene capacidad para producir grandes excedentes y seguramente con las barreras comerciales eliminadas se adaptarían y eficientizarían, lo que les permitiría reducir sus costos. Ver tema: El oligopolio en el mercado del arroz.

Las zonas francas es un sector igual de sensible que el agropecuario por la gran cantidad de empleos directos e indirectos que generan y este fue la principal razón por la que el país entró al TLC, para evitar que este sector desapareciera ante la competencia asiática; y funcionó, pues desde 2009 el sector se ha mantenido estable.

Pero los problemas no se han terminado, pues tenemos un sector que se podría ver potencialmente afectado y que incluso pudieran desaparecer totalmente con la eliminación de las cuotas arancelarias: los productores de leche.

Aunque otra cosa que debemos tomar en cuenta también es que, con un mercado abierto y competitivo, los recursos del país serían reasignados para dedicarlos solo a aquellos productos agropecuarios que sean verdaderamente competitivos, es decir, que también dentro del sector agrícola se ganarían empleos gracias a la potenciación de los subsectores donde tenemos ventaja comparativa y eficiencia, como en el cacao, banana, aguacate y tabaco.

Y más aún, gracias a la competencia, se eliminarían los oligopolios y se reducirían los precios de muchos productos agrícolas, aumentando el bienestar de todos.

Sucede pues que, las barreras comerciales hacen que los sectores competitivos no utilicen sus excedentes de beneficios para mejorar la productividad. Como dice el informe de la FAO Política de Desarrollo Agrícola: “es bien conocido que los altos aranceles pueden minar la competitividad de sectores e industrias nacionales, ya que las ganancias económicas adicionales resultantes de la protección arancelaria tienden a debilitar el interés por incrementar la productividad.

Debido a esto último, ahora es un principio aceptado que los niveles de los aranceles no deben ser altos en general y, que si lo son, debe adoptarse un programa para reducirlos progresivamente. Los acuerdos de libre comercio incluyen normalmente cláusulas para alcanzar estos objetivos. Como se indicó, en el caso del TLC con México, se han otorgado hasta 15 años para eliminar algunos aranceles agrícolas”….. y en el DR-CAFTA nos otorgaron 9 años de protección a todos los productos agropecuarios (hasta 2016) y 9 años más para ir desmontando gradualmente las cuotas arancelarias (hasta 2025).

Ahora bien, si hablamos de libre comercio en un país como Haití, ya la cosa es distinta, porque Haití tiene una población rural muy alta dependiente de la agricultura, y muy pobre también, sin acceso a créditos, tecnologías, falta de apoyo del gobierno en programas de crédito, formación e investigación, pero principalmente, que Haití no podría compensar la pérdida de empleos en el sector agrícola con ganancias en la atracción de inversiones en zonas francas, por la falta de infraestructuras, aeropuertos, puertos, carreteras, electricidad, inestabilidad política, altísimo analfabetismo, etc.

Ahora bien, nosotros aquí en R.D pudiéramos aprovechar aún más los beneficios del libre comercio si tuviéramos una población más preparada y formada en ciencias y tecnologías, que atraiga inversiones dispuestas a pagar salarios más altos, como en el ensamblaje y prueba de microchips o incluso la fabricación de estos, que requiere esto último de personal bastante calificado, como el que existe en Singapur y algunas ciudades chinas.
La manufactura de nuestras zonas francas consiste principalmente de productos médicos y farmacéuticos que solo requieren personal con cualificación media, como el aparato de transfusión de sangre, nuestro segundo producto de exportación después del oro. Con ese modelo de producción podemos aspirar a ser como Chile en el mediano plazo, pero no más de ahí, lo cual significaría que amplios segmentos de la población seguirían teniendo un bajo poder adquisitivo. Pero ya para superar esos niveles necesitaríamos no un cambio en el modelo económico, sino en el modelo educativo. Ver tema: ¿Qué tipo de educación queremos? ¿Para qué?

No debes dejar de leer: ¿Qué hay con los subsidios agrícolas de los países ricos?

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